El zar Alejandro estaba empeñado en
liberar Europa de Napoleón o por lo
menos en reordenar el equilibrio de poder europeo. Austria se declaró neutral
en un principio, pero Metternich, su canciller, temía tanto la expansión de la
influencia rusa en Europa como la dominación actual de Napoleón. Por otra parte
Gran Bretaña siempre había afirmado que estaba comprometida en una lucha por su
supervivencia frente a la tiranía de Napoleón. El resto de las otras potencias
europeas tenían una visión menos altruista de los motivos británicos.
Mientras tanto, a fuerza de esfuerzos
verdaderamente extraordinarios, junto a los restos y oficiales salvados de la
Retirada de Moscú, Napoleón esperaba reemplazar La Grande Armée perdida en Rusia por
una nueva que llegase a 650,000
efectivos…
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